viernes, 22 de mayo de 2026

Cosas de mamá

Hoy, dentro de la Caja de los Amigos de Jesús, encontramos un rosario. Y enseguida empezaron las preguntas:

—¿Qué es eso?
—¿Por qué tiene tantas bolitas?
—¿Es un collar?

Y claro… es que ya estamos en mayo.

Seguimos descubriendo el calendario litúrgico de una manera cercana, relacionándolo siempre con cosas que forman parte de su vida. Porque poco a poco vamos viendo que la religión no aparece “aparte” de lo que vivimos, sino que camina junto a nuestra realidad, nuestras emociones y nuestra cultura.




San Pedro estaba en la puerta del Cielo, muy atento como siempre. De pronto frunció el ceño. —Señor, aquí pasa algo. Están llegando niños… y yo no les he abierto. Jesús lo miró: —¿Seguro, Pedro? —Segurísimo. Yo no me despisto. de Beatriz Romero Bulnes 

Por eso, esta semana, el recorrido por el Jardín de la Pascua nos llevó hasta María. Y, sin darnos cuenta, volvimos a acordarnos del colgante de la paz de Jesús. ¿Os acordáis? 

Aquella vez descubrimos que parar, respirar, contar lo que nos pasa y sentirnos escuchados puede ayudarnos a encontrar calma por dentro. 

 Porque los niños necesitan algo más que aprender cosas: necesitan ayuda para entender lo que sienten, poner orden a lo que viven por dentro y descubrir que no están solos. Necesitan espacios para escucharse, para pensar, para imaginar… y también para abrir poquito a poco el corazón a la presencia de Dios en su vida.

 Así nació la pulsera de la paz de Jesús. Una pequeña herramienta para aprender a parar antes de enfadarnos, escuchar antes de responder y buscar maneras buenas de resolver los conflictos. Con ella aprendimos que el silencio también habla, que respirar ayuda y que Jesús puede ser ese amigo que llevamos siempre en el corazón y al que podemos acudir cuando algo nos preocupa. 

 Y esta semana dimos un paso más en ese diálogo interior descubriendo a María. Les contamos que los cristianos tienen un objeto muy especial que les ayuda a hablar con ella: el rosario. Lo miramos despacio, lo tocamos, contamos sus cuentas y escuchamos cómo muchas personas lo utilizan para rezar. En clase de Religión no rezamos —para eso está la parroquia y la familia—, pero sí aprendemos a conocer los símbolos, las tradiciones y las formas en las que los cristianos expresan su fe. Y también podemos hablar de María como alguien que cuidaba, escuchaba y acompañaba igual que hacía con Jesús. 




 Después, con abalorios de colores, cada niño creó su propia pulsera: diez bolitas de cada color, repetidas cinco veces. Y se la llevaron a casa. Algunos dijeron que era para ellos. Otros tuvieron clarísimo que querían regalársela a alguien muy especial. A esa persona que les cuida, les escucha, les calma cuando están tristes y les acompaña incluso en los días difíciles… igual que María cuidaba de Jesús. 

 ¿Sabéis ya quién puede ser?



miércoles, 29 de abril de 2026

Juan y el día que nadie quería jugar.

 Hoy petirrojo estaba muy nervioso. Volaba por la clase sin control y no sabíamos muy bien por qué, hasta que se posó en la caja de los amigos de Jesús no entendimos por qué estaba tan nervioso.



Dentro de la caja había un ágila. Por eso estaba Petirrojo tan contento, porque el símbolo del amigo de Jesús que vamos a conocer es un pájaro como él.


Juan era un amigo de Jesús muy tranquilo. No gritaba mucho. No empujaba. Pero observaba todo. de Beatriz Romero Bulnes

Al mismo tiempo que conocíamos a Juan, hemos trabajado habilidades muy importantes como la atención, la discriminación visual y la organización espacial, a través de la búsqueda de objetos escondidos en las páginas del cuento.

Poco a poco, vamos descubriendo que para entender bien las cosas es importante mirar con calma y desde distintas perspectivas. No solo con los ojos de la cara, sino también con los ojos del corazón.

Juan nos ha ayudado a reflexionar sobre cómo podemos “mirar” a los demás para ser buenos amigos al estilo de Jesús. Por eso, esta semana nos hemos propuesto un pequeño reto en el recreo:
“Que nadie esté solo.”

Mientras jugamos, estaremos atentos por si hay algún compañero o compañera solo. Si vemos a alguien así, nos acercaremos y le preguntaremos:
—¿Prefieres estar tranquilo o quieres que me quede a jugar contigo?

Para que el reto no se quedara solo en una actividad de clase, en Infantil hablamos de situaciones de verdad. De esas que pasan cada día en el recreo y que, muchas veces, los adultos ni siquiera vemos. Me contaron de niños que están solos en un banco, caminando sin jugar o mirando desde lejos cómo juegan los demás.

Y empezaron a aparecer razones que nacían de ellos mismos: a veces alguien está solo porque necesita un rato de calma. O porque su amigo está jugando con otros y no sabe cómo acercarse. A veces porque está triste, enfadado o cansado. O simplemente porque no le apetece jugar a lo mismo que los demás.

Poco a poco entendimos algo importante: no siempre sabemos por qué alguien está solo, pero sí podemos decidir qué hacer nosotros cuando lo vemos. Acercarnos. Preguntar. Respetar su espacio. Hacer sitio. Igual que hicieron con Juan.

En primer ciclo dimos un paso más. África lanzó una pregunta que nos hizo pensar mucho:

—¿Y qué pasa cuando te acercas a alguien para ayudarle… y te contesta mal?

A partir de ahí descubrimos algo importante: acompañar a alguien no siempre es fácil. A veces, cuando una persona está enfadada o triste, no quiere hablar. Y dependiendo de cómo reaccionemos nosotros, podemos ayudarla a sentirse acompañada… o hacer que se sienta todavía más sola.

Para trabajar todo esto hicimos un juego de role-play por parejas. Uno tenía que representar a alguien enfadado y el otro intentar ayudarle. Pero había una condición: no valía insistir, ni agobiar, ni querer arreglarlo todo enseguida. El verdadero reto era acompañar con respeto. Después de cada escena, entre todos decidíamos si habían conseguido superar el desafío.

Y, sin darnos cuenta, fueron apareciendo descubrimientos muy importantes. Entendimos que, cuando estamos muy enfadados, primero necesitamos calmarnos antes de volver a jugar. Que ayudar no significa insistir todo el tiempo. Que a veces preguntas “¿te ayudo?” y la otra persona responde “no”. Y que, aun así, podemos quedarnos cerca y decir: “Aquí estaré cuando me necesites”. Que si escuchamos atentamente y sabemos ver las pistas, los demás nos dicen lo que necesitan,...

En nuestro Jardín de la Pascua, hemos añadido corazones pintados con acuarela de muchos colores. A partir de la observación de esos colores y de las emociones que nos transmiten, hemos hablado sobre la diversidad: cómo a cada uno nos gustan cosas diferentes y cómo eso nos hace únicos y especiales.

Además, nos hemos ayudado unos a otros durante la actividad, poniendo en práctica el valor que hemos trabajado en esta sesión.




Para consolidar todo lo aprendido, jugamos al corro de la amistad. Mientras sonaba la música, girábamos juntos alrededor del círculo y, en cada vuelta, un niño o niña pasaba al centro. Poco a poco, el centro se iba llenando de compañeros que se daban la mano y se acompañaban unos a otros. Hasta que, al final, alguien quedaba solo fuera del juego (casi siempre la maestra).

Entonces, esa persona se sentaba en un rincón con gesto triste, igual que puede sentirse alguien cuando nadie juega con él en el recreo. Y ahí aparecía lo más importante: sin decir nada, los niños y niñas se acercaban enseguida para invitarle a jugar y hacerle sitio de nuevo en el corro.

Porque esta semana, con Juan, hemos descubierto que mirar con los ojos del corazón significa darse cuenta de quién está solo… y no dejarlo así




martes, 21 de abril de 2026

¿Y si confías?

 Esta semana hemos comenzado una nueva sesión de nuestro camino en el Jardín de la Pascua, y lo hemos hecho con una actividad llena de misterio.

Al llegar al aula, los niños y niñas se encontraron con  una huella… pero no sabíamos de quién era. Algo o alguien había pasado por nuestra clase y nos había dejado una pista.

A partir de ese momento, nos planteamos una misión:
descubrir a qué amigo de Jesús pertenecía esa huella.

Pero no iba a ser tan fácil. La pista estaba escondida y no se podía ver a simple vista. Antes de comenzar la búsqueda, reflexionamos juntos sobre algo importante:
no siempre vemos las cosas, pero eso no significa que no estén ahí.

Con esa idea en mente, iniciamos la búsqueda por el aula. Poco a poco, siguiendo algunas pistas, encontramos la caja de los amigos de Jesús. No podíamos ver lo que había dentro… así que antes de abrirla, nos hicimos una pregunta:

—¿Creéis que hay algo dentro?
—¿Confiamos en que sí?

Tras compartir nuestras ideas, decidimos abrirla… y dentro encontramos el símbolo del nuevo protagonista: Tomás.


A partir de esta experiencia, introdujimos el valor que vamos a trabajar en esta sesión: la confianza. Igual que nos ocurrió durante la actividad, Tomás necesitaba aprender a confiar, incluso cuando no podía ver todo con claridad.

¿Y si Confias? Tomás de Beatriz Romero Bulnes

Después de descubrir a Tomás y hablar sobre la importancia de la confianza, realizamos un juego que nos ayudó a vivir este valor de forma directa.

Propusimos a los niños y niñas un pequeño reto: recorrer un camino… sin poder ver.

Se organizaron por parejas. En cada una, un niño llevaba los ojos vendados y el otro hacía de guía.

Antes de empezar, comentamos algo importante: cuando no vemos, necesitamos confiar en quien nos acompaña.

Comenzaron el recorrido despacio.
Al principio hubo dudas, pasos inseguros y alguna risa.

El niño que guiaba tenía una misión clara: acompañar y cuidar.

—Por aquí…
—Cuidado, hay una mesa…
—Ven despacito…

Quien llevaba los ojos vendados tenía que hacer algo clave: confiar.

Confiar en la voz del compañero.
Confiar en que no le dejaría solo.

Poco a poco, fueron avanzando con más seguridad.

Después cambiaron los roles, para que todos pudieran experimentar ambas situaciones: confiar y cuidar.

Fue una actividad muy enriquecedora, en la que no solo trabajamos la orientación y la atención, sino también valores fundamentales como la ayuda, el respeto y, sobre todo, la confianza en los demás.

Una vez más, comprobamos que Jesús no nos deja solo historias para que las escuchemos y aprendamos. Si no que nos indica maneras de vivir para ser felices.

 

Finalmente, repartimos unos marcapáginas para celebrar la semana del libro con la frase "voy a dar un paso" e incorporamos nuestras huellas al Jardín de la Pascua, donde seguimos construyendo, poco a poco, este espacio lleno de significado con todo lo que vamos aprendiendo.

sábado, 18 de abril de 2026

Pedro y el día que tuvo miedo


Hoy en clase nos esperaba una pista de un nuevo amigo, las llaves de San Pedro. De esta forma vamos acercándonos al contexto biblico y a la iconografía.

Pedro es alegre y valiente y muy amigo de Jesús. Pero cuando unos niños se rién de Él, Pedro no se atreve a defenderlo. Aqui os dejo la historia.






El cuento nos dio la oportunidad de hablar sobre qué es ser valiente. Hablamos también de las cosas que nos dan verguenza. Y juntos pensamos qué aprendió Pedro.


Hablamos de que cuando metemos la pata nos da mucha vergüenza y queremos alejarnos y abandonar. Pero no podemos rendirnos, siempre hay una solución y conseguimos llegar lejos, según nos dijo Álvaro.



Cuando hacemos algo mal, pedimos perdón. Pero las personas no tenemos un botón de desenfadarse, así que a veces tenemos que esperar a que el otro esté listo para perdonarnos. Luka nos recordó  que sí que tenemos un botón de pausa, el colgador de la paz con la frase del Evangelio.

Para reconocer pequeños conflictos cotidianos, identificar emociones y practicar el perdón de forma vivencial leimos unas tarjetas con situaciones cotidianas, las representamos y buscamos soluciones. 





Usamos las tarjetas de lo siento y te perdono. Lo hicieron tan bien que hasta pudieron arregar algún enfado que arrastraban del patio y las llevaron para casa para poder usarlas.







Para acabar hicimos piedras con cartones de huevos a las que les pegamos una letra P de "Pedro", de "perdón, de "piedra". Con ellas decoramos la primera zona del jardín de la Pascua. Cuando esté acabado os lo enseñaremos.
En Infantil la semana que viene seguiremos con un nuevo amigo de Jesús. Los de primero y segundo aprenderemos en quien se convirtió Pedro de mayor.