martes, 21 de abril de 2026

 Esta semana hemos comenzado una nueva sesión de nuestro camino en el Jardín de la Pascua, y lo hemos hecho con una actividad llena de misterio.

Al llegar al aula, los niños y niñas se encontraron con  una huella… pero no sabíamos de quién era. Algo o alguien había pasado por nuestra clase y nos había dejado una pista.

A partir de ese momento, nos planteamos una misión:
descubrir a qué amigo de Jesús pertenecía esa huella.

Pero no iba a ser tan fácil. La pista estaba escondida y no se podía ver a simple vista. Antes de comenzar la búsqueda, reflexionamos juntos sobre algo importante:
no siempre vemos las cosas, pero eso no significa que no estén ahí.

Con esa idea en mente, iniciamos la búsqueda por el aula. Poco a poco, siguiendo algunas pistas, encontramos la caja de los amigos de Jesús. No podíamos ver lo que había dentro… así que antes de abrirla, nos hicimos una pregunta:

—¿Creéis que hay algo dentro?
—¿Confiamos en que sí?

Tras compartir nuestras ideas, decidimos abrirla… y dentro encontramos el símbolo del nuevo protagonista: Tomás.


A partir de esta experiencia, introdujimos el valor que vamos a trabajar en esta sesión: la confianza. Igual que nos ocurrió durante la actividad, Tomás necesitaba aprender a confiar, incluso cuando no podía ver todo con claridad.

¿Y si Confias? Tomás de Beatriz Romero Bulnes

Después de descubrir a Tomás y hablar sobre la importancia de la confianza, realizamos un juego que nos ayudó a vivir este valor de forma directa.

Propusimos a los niños y niñas un pequeño reto: recorrer un camino… sin poder ver.

Se organizaron por parejas. En cada una, un niño llevaba los ojos vendados y el otro hacía de guía.

Antes de empezar, comentamos algo importante: cuando no vemos, necesitamos confiar en quien nos acompaña.

Comenzaron el recorrido despacio.
Al principio hubo dudas, pasos inseguros y alguna risa.

El niño que guiaba tenía una misión clara: acompañar y cuidar.

—Por aquí…
—Cuidado, hay una mesa…
—Ven despacito…

Quien llevaba los ojos vendados tenía que hacer algo clave: confiar.

Confiar en la voz del compañero.
Confiar en que no le dejaría solo.

Poco a poco, fueron avanzando con más seguridad.

Después cambiaron los roles, para que todos pudieran experimentar ambas situaciones: confiar y cuidar.

Fue una actividad muy enriquecedora, en la que no solo trabajamos la orientación y la atención, sino también valores fundamentales como la ayuda, el respeto y, sobre todo, la confianza en los demás.

Una vez más, comprobamos que Jesús no nos deja solo historias para que las escuchemos y aprendamos. Si no que nos indica maneras de vivir para ser felices.

 

Finalmente, repartimos unos marcapáginas para celebrar la semana del libro con la frase "voy a dar un paso" e incorporamos nuestras huellas al Jardín de la Pascua, donde seguimos construyendo, poco a poco, este espacio lleno de significado con todo lo que vamos aprendiendo.

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