Hoy, dentro de la Caja de los Amigos de Jesús, encontramos un rosario. Y enseguida empezaron las preguntas:
—¿Qué es eso?
—¿Por qué tiene tantas bolitas?
—¿Es un collar?
Y claro… es que ya estamos en mayo.
Seguimos descubriendo el calendario litúrgico de una manera cercana, relacionándolo siempre con cosas que forman parte de su vida. Porque poco a poco vamos viendo que la religión no aparece “aparte” de lo que vivimos, sino que camina junto a nuestra realidad, nuestras emociones y nuestra cultura.
Por eso, esta semana, el recorrido por el Jardín de la Pascua nos llevó hasta María. Y, sin darnos cuenta, volvimos a acordarnos del colgante de la paz de Jesús. ¿Os acordáis?
Aquella vez descubrimos que parar, respirar, contar lo que nos pasa y sentirnos escuchados puede ayudarnos a encontrar calma por dentro.
Porque los niños necesitan algo más que aprender cosas: necesitan ayuda para entender lo que sienten, poner orden a lo que viven por dentro y descubrir que no están solos. Necesitan espacios para escucharse, para pensar, para imaginar… y también para abrir poquito a poco el corazón a la presencia de Dios en su vida.
Así nació la pulsera de la paz de Jesús. Una pequeña herramienta para aprender a parar antes de enfadarnos, escuchar antes de responder y buscar maneras buenas de resolver los conflictos. Con ella aprendimos que el silencio también habla, que respirar ayuda y que Jesús puede ser ese amigo que llevamos siempre en el corazón y al que podemos acudir cuando algo nos preocupa.
Y esta semana dimos un paso más en ese diálogo interior descubriendo a María. Les contamos que los cristianos tienen un objeto muy especial que les ayuda a hablar con ella: el rosario. Lo miramos despacio, lo tocamos, contamos sus cuentas y escuchamos cómo muchas personas lo utilizan para rezar.
En clase de Religión no rezamos —para eso está la parroquia y la familia—, pero sí aprendemos a conocer los símbolos, las tradiciones y las formas en las que los cristianos expresan su fe. Y también podemos hablar de María como alguien que cuidaba, escuchaba y acompañaba igual que hacía con Jesús.
Después, con abalorios de colores, cada niño creó su propia pulsera: diez bolitas de cada color, repetidas cinco veces. Y se la llevaron a casa. Algunos dijeron que era para ellos. Otros tuvieron clarísimo que querían regalársela a alguien muy especial.
A esa persona que les cuida, les escucha, les calma cuando están tristes y les acompaña incluso en los días difíciles… igual que María cuidaba de Jesús.
¿Sabéis ya quién puede ser?
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