Hoy, al abrir la Caja de los Amigos de Jesús, apareció una concha.
—¿Quién viene ahora? —preguntaron enseguida.
Y así conocimos a Santiago, el amigo de Jesús que nos ayudará a llegar hasta el final del Camino de Pascua.
Para presentarlo escuchamos un cuento muy especial. Un cuento sobre caminos difíciles, cargas que pesan demasiado y personas que descubren que avanzar solos no siempre es la mejor idea. Porque hay caminos que se hacen mucho mejor cuando alguien camina a tu lado.
El camino de Santiago de Beatriz Romero BulnesMientras escuchábamos la historia, fueron apareciendo muchas ideas importantes. Hablamos de excursiones, de salidas familiares, de comidas en la playa.
Y entonces llegó la frase final del cuento. Esa frase que se quedó flotando en silencio unos segundos y que después empezó a llenar la clase de pequeñas reflexiones:
A partir de ahí comenzamos a mirar hacia atrás. Porque, sin darnos cuenta, durante todas estas semanas hemos ido llenando nuestro Jardín de la Pascua de historias, emociones y valores importantes.
Recordamos a Pedro aprendiendo sobre el perdón. Recordamos que si nos equivocamos, decimos lo siento. Y lo bien que nos sentimos cuando decimos "te perdono"
A Juan descubriendo que nadie debería quedarse solo. Y que cuando alguien lo está podemos acercarnos a preguntarle si quiere jugar. Y si no está listo recordarle que cuando tenga ganas, estaremos esperando.
A Tomás entendiendo que confiar también es dar un paso más.
A hablar con María.
Y a todos esos pequeños momentos en los que hemos aprendido a escuchar, acompañar, esperar, compartir y cuidar de los demás.
Después recogimos todas las piezas del Jardín de la Pascua y construimos entre todos un gran puzzle colaborativo. Cada pieza tenía un valor trabajado durante estas semanas. Y poco a poco, mientras las íbamos colocando, descubrimos algo muy bonito: por separado eran solo piezas sueltas, pero juntas construían un camino completo, el jardín de la Pascua. Después colocamos en él los símbolos que fuimos creando.
Un camino lleno de amistad, ayuda, confianza, perdón y alegría.
Un camino que nos recuerda que la Pascua no termina en un cuento ni en una actividad de clase. Continúa cada día, en las pequeñas cosas que hacemos por los demás. Porque igual que descubrió Santiago, cuando caminamos juntos… el camino siempre se hace mejor.







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